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lundi 28 février 2022

Voici revenu le temps de la guerre et des persécutions !

 

La gestión de la pandemia ha permitido poner de manifiesto, a plena luz del día, las inclinaciones particularmente dictatoriales de determinados políticos, al tiempo que señalaba el alcance de la autocensura en los medios. En pocos meses pudimos comprobar que nada parecía más fuerte que el deseo de amoldarse rápidamente al pensamiento dominante, harto asfixiante, con y sin mascarilla. La estruendosa llegada de la tempestad bélica ucraniana ha hecho desaparecer como por arte de magia cualquier referencia a las variantes de una pandemia que desde hace semanas ya no cumplía los criterios necesarios para cautivar o meter en cintura a la multitud. No faltaban tempestades fácilmente situables en el globo pero ya resultaban cansinas: del campo de concentración a cielo abierto de Gaza a las viejas ciudades yemeníes, el parque temático del terror ya estaba en marcha, pero sin ruido.  Igual que bajo la pandemia salió a relucir el lado tenebroso de ciertas almas en platós de televisión y redacciones varias, con la crisis actual, ya guerra abierta, el lado oscuro escribe un nuevo capítulo del naufragio político, intelectual y moral de nuestras “élites”. Es realmente espantoso que nuestros políticos sean incapaces de ir más allá de su interés particular y de su “imagen”. En el tema de la energía, que debería ser el centro de gravedad de la reflexión económica de cualquier país con el más mínimo grado de buena gobernanza, sólo parece despertar interés el riesgo que suponen las maniobras de Putin para el suministro de gas a Europa. Las espantosas reflexiones de ciertos líderes políticos, sobre todo ecologistas, pero no sólo, al descubrir que sus opciones en favor del gas mágico (excelente fuente de negocio) excluyendo la “maldita” energía nuclear, llevan a la ruina total, dan una idea de su nivel o, mejor dicho, de su falta de nivel. Al parecer, estamos descubriendo que la energía es un asunto serio y que los traspiés en esta materia tienen graves consecuencias que pueden llegar a ponernos en posiciones de difícil salida. Y para rato. Igualmente, aunque parece obvio pues tenemos a mano la Historia para confirmarlo, la acumulación de deuda y la inflación han provocado sistemáticamente miseria y guerras, civiles o no. Actualmente, la inflación generalizada en todo el mundo occidental, bajo el peso de deudas colosales, debería suscitar más de una reflexión sobre el futuro que nos espera. Y tenemos unos “dirigentes” más bien impermeables a semejantes asuntos. Uno se pregunta cómo aquellos que, en los dos últimos años, han jugado sin empacho a la carta del miedo al virus ahora pueden pedir credibilidad para sus grandilocuentes discursos basados en sanciones a diestro y siniestro. Por no añadir nada al floreciente negocio del armamento. Proporcionar “armas letales” y de todo tipo no parece ser la mejor manera de defender a la viuda y al huérfano en un país extranjero. Europa, ya no está dividida y habla con una sola voz:  la histeria anti-rusa más que anti-presidente ruso. No hay nada nuevo: la distorsión de las palabras, de los contextos (el Hodolomor, la 14 División SS Galizien: todo vale), el relativismo establecido como única forma autorizada de pensar, el rechazo a las culturas, tradiciones y costumbres seculares, consideradas como anticuadas o incluso bárbaras, todo ello contribuye a este naufragio intelectual del que ya no saldremos fácilmente. Naufragio político e intelectual coadyuvante de un naufragio moral que ya llevaba anunciándose hace tiempo. De la humillación a Grecia a la ultimísima crisis “nuestra” con Marruecos, no se ve muy bien qué brazo y con qué fuerza levantará ahora el escudo para defender a Ucrania. No pasa un día sin enterarnos de casos nuevos, casi en cada país, de sórdidos asuntos de corrupción galopante acumulándose unos sobre otros invitando a los dirigentes a llevar su ímpetu hacia horizontes más lejanos que el inmediato, el que tenemos delante. Nos dicen qué y cómo pensar, incluso los cogidos in fraganti se arrogan el papel de jueces, sin que algún medio importante se conmueva. Salvo muy escasas excepciones, que exigen tiempo, reflexión, debate, los media desgraciadamente han caído tan bajo que ya no hay remedio. Los antiguos faros de la ciencia, los pensadores respetados y respetables se han retirado del mundo ruidoso en el que vivimos. Nadie les hace caso ni se recurre a ellos. Han dejado paso a dirigentes que no sólo no se caracterizan por su solvencia, refinamiento o madurez intelectual sino por su arrogancia vacía de gilipollas. Cómico si tanta gente no tuviera que sufrir las consecuencias de sus lamentables actos. Ya no hay escena política sino solo clanes de parásitos en lucha, sin valores y sin inteligencia. Estamos jodidos.

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Las agencias focalizan la atención sobre las intervenciones de Rusia desde 1991: dos guerras en Chechenia, en los años 1994-96 y en el 1999 y 2000, con miles de muertos; en Georgia en 2008, tras una operación georgiana en Osetia del sur, que Rusia acabó reconociendo junto con Abjasia; la “anexión” de Crimea, en 2014, tras los turbios sucesos de la Plaza (Maidán) de la Independencia, ocupada por los partidarios de la eurointegración el 21 de noviembre de 2013; el apoyo a Siria en 2015. Pero guardan silencio cómplice – normal, somos “aliados” – respecto a la actividad norteamericana: la devastación y masacres de Irak, la monstruosidad de Yugoslavia, veinte años de guerra en Afganistán, Irak de nuevo, Libia, el despellejamiento sistemático de Siria, Irak otra vez. Es cierto que quien paga, manda. En los canales de información continua, militares retirados, tertulianos, mamarrachos de todos los matices han tomado el relevo de los médicos, todólogos y politiquillos fatigándose sobre el coronavirus. Hemos visto ya el mismo espectáculo varias veces, confundiendo las voces y las versiones de quien de veras tiene algo que decir con el flujo interminable de la mera telebasura. Periodistas, magistrados, policías, opinadores exaltados, moralistas o advenedizos de todo pelaje … El denominador común de estos bípedos implumes es la arrogancia, la tendenciosidad descarada, la costumbre de ladrar con la manada. Materialismo, conformismo, hipocondría, parasitismo y patraña bien dosificados productos de una profunda frustración y un deseo de venganza ante quien demuestra capacidad de pasar al acto en defensa de sus convicciones, sea quien sea: repartidor a domicilio o presidente de un país. No tienen análisis ni pensamiento propio porque llevan muchísimos años convencidos de que su opinión es la ley, del mismo modo que la obediencia al poder imperial ha sido desde siempre su principal virtud y fuente principal de sus “valores”. Son las correas de transmisión indispensables para configurar estados de opinión, que por otra parte no sirven para gran cosa. Recuerdo un vídeo que me enviaron hace pocos días: un urbanita equipado a lo Rambo con su mountain bike eléctrica de diseño se topa en el sendero con un enorme buey pastando. Creyéndose en un carril bici o en una acera cualquiera de su medio urbano, donde normalmente se arroga el derecho a tiranizar e insultar al peatón desamparado, chilla, vocea, emite mil ruidos, pitidos y bocinas y el buey no solo no se mueve sino que cuando lo hace, arremete en su dirección obligándole a tirar prontamente prado arriba. ¡Desconocimiento total del comportamiento y la psicología animal! El muy memo no se imaginaba nadie capaz de no cederle temerosamente el paso. Con un buey, la cosa no funciona así. Si uno se encuentra alguno en mitad del camino, es mejor detenerse a prudente distancia, asegurarse de que no se sorprenda con tu presencia y … esperar tranquilamente a que se vaya. El avasallamiento no funciona. Nada más penoso de soportar que las arengas, comunicados y proclamas de las autoridades de todo rango y condición. Prensa, radios, cadenas de televisión: inmensa marea negra de la hidra mediática ... tan visible, tan dañina y odiosa desde hace años que hace que uno se pregunte cómo sus conciudadanos no tiran de una vez de la cadena. Hay por ahí un libro de cierto éxito según el cual “todas las ideas están en la naturaleza” (Carina Louart,Toutes les idées sont dans la nature, Actes Sud) que ya no tiene sentido: todas las ideas están en cualquier plató, redacción o estudio de radio. Dicen que en ciertos pueblos japoneses, los niños se divierten meando a las ranas y éstas no se mueven porque les da mucho gusto. De ahí el dicho "kaeru ni shonben" (como mear a una rana). La relación entre Europa y Estados Unidos va en el mismo orden: cuanto más desprecian y humillan los americanos a sus “aliados” europeos, más croan los mandamases locales para dar gusto a los yanquis. Es triste pero es así. Que Dios nos proteja.

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Envoyons des troupes, oui, mais attention, des troupes inclusives, les morts se réjouiront d’avoir été tués sous les coups d’une armée ouverte sur son époque, avec tous les genres représentés proportionnellement, et une représentation de toutes les croyances et ethnies. Et limitons l’utilisation d’avions de combat et l’utilisation d’explosifs, en raison des émissions qui peuvent endommager l’atmosphère. Et faisons attention aux bombardements d’espaces verts ou aux animaux tués. Ajoutons à cela : régime végétalien pour les soldats et soldates, etc. Long et cætera dans lequel une centaine de termes supplémentaires peuvent être incluses. Victoire assurée. Rends-toi, Poutine !

lundi 21 février 2022

La nouvelle lune de février sert pour l'année de calendrier.

Il y a quelques jours, un ami, prof d’histoire à la retraite, me faisait une remarque qui me sidérait et me faisait douter non pas de son intelligence, mais du fait que nous vivions, lui et moi, dans le même monde. Autour d’un verre, nous parlions politique et histoire. De fil en aiguille, nous en arrivâmes au stade de l’échange de commentaires dans un style retro genre guerre froide autour de la crise en Russie, à mes yeux provoquée par l’obscène politique extérieure américaine. On en est arrivés aux conséquences de la dernière guerre mondiale ! Il commença à égrener des situations, insistant ici ou là quand l’une d’entre elles soulevait son intérêt. Après quelques convergences-divergences (pour lui : Anglo-américains « sauveurs de l’Europe à deux reprises » ; pour moi : Anglo-américains criminels de guerre dans l’impunité totale depuis des siècles), je l’entendis prononcer cette phrase : « Ils ont rasé l’Allemagne au phosphore, d’accord, mais ces gens-là avaient bien voté pour Hitler, alors… » Je n’avais jamais envisagé qu’une telle chose fût possible à cause d’un vote massif (et inexcusablement fautif !) préalable. Pour ce justicier implacable, tout le patrimoine démocratique depuis que la démocratie existe équivalait exactement à rien si on ne vote pas comme il faut voter. Grand mystère, car : comment il faut voter ? J’ai eu, depuis, l’occasion de comprendre que bien des gens ont le même travers concernant la politique domestique de chaque pays : « Bien fait pour eux ! », « Ils n’ont que ce qu’ils méritent ! », « Chaque peuple mérite les élus qu’il se donne », etc. Non que la démocratie ait empiré au fil des années, elle a toujours été ce qu’on voit aujourd’hui. Une mascarade, un cirque grotesque, une suite éperdue de luttes de clans et de lobbys avec, au bout du compte, des types qui sitôt installés au pouvoir se font cracher dessus de génération en génération par les mêmes électeurs qu’ils avaient séduits, parce qu’au bout du compte ils se révèlent incapables de tenir leurs promesses sauf pour ce qui est de la nette amélioration de leurs conditions de vie à eux. Et peu importe le niveau culturel ou la formation reçue, on a été formatés depuis l’école d’une manière qui exclut un examen critique de tout ce qui vient après la première guerre mondiale. On ne supporte pas les arguments nuancés ni les concepts trop compliqués pour parvenir à atteindre un dialogue formalisé et constructif : autant renoncer. On se limite à afficher fièrement une prétendue boulimie intellectuelle essentiellement nourrie de « culture » américaine, même via pensée zéro, qui nous rend capables avant de lever la table de réciter ce qu’on a entendu sur quinze plateaux-télé, mais toujours désespérément incapables de produire soi-même une idée sensée. Bref, côté Histoire, les carottes sont cuites.

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Est-il nécessaire aux lecteurs de Marcel Proust de lire sa biographie ? Écartons d’emblée ceux qui pensent qu’il n’est jamais intéressant de lire une biographie d’écrivain : l’œuvre est là et elle doit se suffire à elle-même. Opinion de Flaubert partagée par Proust lui-même. Dans la mesure où la Recherche est une œuvre très largement autobiographique, serait-il inutile de la faire reproduire par le livre d’un tiers ? Bien au contraire, c'est précisément parce que l’œuvre de Proust se nourrit de sa propre vie, qu'il serait essentiel de marquer les différences entre les deux pour mieux saisir le processus permettant partant de l’une, d’aboutir à l’autre. Nous passons sous silence Léon Pierre-Quint, le précurseur, dont le livre sur Proust a été publié à peine trois ans après la mort de son modèle, André Maurois, Maurice Bardèche et quelques autres plus ou moins significatifs., pour mettre en avance celles de George D. Painter, de Jean-Yves Tadié et de Ghislain de Diesbach. Le plus ancien biographe des trois, Painter, s’avère, d’une part, un peu fatigant avec l'obstination de vouloir que Proust ait eu des aventures féminines et avec ses explications de ceci ou de cela trop pénétrées de psychanalyse. D’autre part, à l’époque, de très nombreuses lettres de Proust n’avaient pas encore été retrouvées par Philip Kolb, qui en a depuis assuré l’édition chez Plon. Painter ne pouvait donc travailler qu'à partir d’un scénario lacunaire. Jean-Yves Tadié est surtout l’homme qui a accompli l'épreuve herculéenne de faire passer la Recherche de trois volumes moyens, dans l’édition de Pierre Clarac et André Ferré chez La Pléiade, à quatre gros volumes de la même collection, laissant voir à quel point l’appareil critique avait métastasé entre les années cinquante et les années quatre-vingt du siècle passé. Avec le grand mérite d’être un universitaire non-jargonneur, c’est-à-dire accessible. Comme il passe pour le spécialiste de Proust par excellence, il s'occupe longtemps de l’œuvre, à la décortiquer, à l’observer sous tous les éclairages possibles. Reste donc Ghislain de Diesbach, qui connaît admirablement la société de cette époque, et particulièrement ce qu’il est convenu d’appeler le monde. Il est pétri d’un humour fin et toujours discret, exprimé magistralement dans les nombreux “médaillons” qu’il donne à lire chaque fois qu’apparaît dans son récit un personnage destiné à jouer un rôle plus ou moins important dans la vie de son biographié, sans la virtuosité rageuse de Saint-Simon ou les méchancetés tonitruantes de Léon Daudet. D’autre part, il se concentre principalement sur la vie de son modèle, sans pour autant négliger l’œuvre, en sachant toujours étager ses plans. Bref, si un éventuel lecteur de ces lignes a l’envie, le temps et la disponibilité suffisante pour ce faire, qu'il en lise les trois sans hésiter.


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Condamné à revivre le jour de la marmotte. Un condisciple des années de fac, perdu de vue depuis plus de quarante ans, me lance (pas mal, comme préambule !) à la figure : « T’es toujours marié avec la même femme ? Normalement, ça porte malheur, ça, se marier très jeune ! » Dans mon cas, le mariage très jeune amena des changements avantageux à mon existence. Tout est devenu plus sérieux. Par des chemins étranges et détournés, rythmés par le labeur quotidien : études supérieures poursuivies après le concours du secondaire ; avancements dans mon travail (chef d'établissement, etc.) ; apprentissage du basque ; longue thèse dans des conditions austères, sans les moyens de bord d’un département, mais avec la surprise de compter sur la présence de Claude Simon à ma soutenance … ! J’ai pu faire ce dont je rêvais, tout de même : vivre à la frontière française depuis plus de quarante ans, faire des voyages, devenir prof à l’Université après mon doctorat, produire des articles personnellement satisfaisants à quelques égards. Que des tentatives, que d’efforts ! Ça valait donc bien la peine de se marier jeune ...

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J'ai terminé vers la mi-janvier la lecture d'anéantir et aux toutes dernières pages, celles des remerciements, je tombe sur cette phrase : « Au fond, les écrivains français ne devraient pas hésiter à se documenter davantage ; beaucoup de gens aiment leur métier, et se réjouissent de l'expliquer aux profanes. Je viens par chance d'aboutir à une conclusion positive ; il est temps que je m'arrête. » Ces derniers mots, compte tenu de la noirceur d'anéantir, je ne sais comment les interpréter, quel sens leur donner. Est-ce réellement son dernier roman ? J'ai eu du mal à le terminer, ce livre car il a le don, plus que tous ses précédents, de nous mettre le nez bien profond dans notre caca et de nous faire regarder la mort bien en face. En général on n'y tient pas vraiment, quand il nous arrive d'en parler on passe rapidement à autre chose. La finitude ça plombe les soirées, ou alors faut aborder le sujet avec deux grammes, pour en rire plutôt qu'en pleurer. J'ai lu quelque part qu'il y avait deux romans dans anéantir, et que l'on ne connaîtrait jamais l'épilogue du premier. Je ne suis pas de cet avis, Houellebecq n'est pas John le Carré et les attentats perpétués aux quatre coins du monde par une organisation vraisemblablement sataniste ne sont que le bruit de fond de l'époque. Les motivations de ces terroristes sont assez secondaires, juste un élément du décor où se déroule l'action, la campagne présidentielle de 2027, et il nous a été donné de connaître d’autres attentats sans que la vie ni la mort ne s'arrêtent. Je ne me sens pas capable d'ailleurs d'établir une liste complète de ces attentats évoqués au dernier quart du livre. Des "fous de Dieu" nous en ont voulu à mort et nous en veulent encore. C'est même devenu notre lot quotidien de non-sens. Pour en trouver, du sens à tout cela, il nous faudrait réfléchir, penser … et Valéry affirmait déjà que « penser, c’est perdre le fil » Alors … En dépit de ces échos du monde, le récit de la vie de Paul Raison est parfaitement linéaire, et le sujet de M. Houellebecq est bien la mort, la mort toujours recommencée, qui est partout chez elle, des monts du Beaujolais au golfe du Morbihan en passant par Arras ou les jardins de Bercy. On se dit qu'elle fait très bien le travail toute seule, qu'elle n'a pas besoin d'auxiliaires empressés. On pense à ces mots de Brassens que j’avais posté sur Facebook il y a quelques jours : « Car, enfin, la Camarde est assez vigilante elle n'a pas besoin qu'on lui tienne la faux. » Anéantir, c'est son affaire : anéantir les amours renaissants, anéantir de désespoir. Il lui suffit d'un petit AVC, d'une corde ou d'un cancer, elle a tout un arsenal à sa disposition, la mort. La seule façon de la vaincre serait de ne plus donner vie. Oui "anéantir" est bien un roman crépusculaire, sombre comme un jour de novembre, et dernier travail de Michel Houellebecq.

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En matière de littérature ou de cinéma, finalement, le lecteur compte presque autant que l’auteur : mutuellement indispensables. Sans lecteur de bon niveau, l’auteur est condamné à l’oubli. Si le lecteur n’est plus capable d’apprécier une syntaxe ancienne, souvent, parfaite, voire de la supporter, s’il ne peut passer outre les archaïsmes narratifs, les dialogues trop écrits, les situations d’un autre âge, c’en est fini du chef d’œuvre. Si un spectateur ne peut plus accepter de voir un film muet, en noir et blanc, ou s’il s’endort devant un montage calme et des plans de plus de cinq secondes, les trésors du cinéma ne servent plus à personne. Heureusement, la curiosité et l’intérêt pour les chefs d’œuvre dépassent toujours la médiocrité propre à chaque époque, et malgré tout, les œuvres majeures trouvent leurs admirateurs. C’est bien le sens de la formule de Nicolas Gomez d’Avila : « La postérité n’est pas l’ensemble des générations futures. C’est un petit groupe d’hommes de goût, bien élevés, érudits, dans chaque génération ». En noir et blanc ou en alexandrin, une grande œuvre nous met en présence de personnages qui se retrouveront dans toutes les époques, par-delà leurs atours. Nous trouvons toujours, même dans des personnages annexes, des portraits exacts de nos plus exacts contemporains, de nous-mêmes.

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Quand on y pense, chaque confirmation que les imbéciles sont toujours les mêmes a quelque chose de réconfortant : au moins, ils ne progressent pas. La seule incertitude réside dans la puissance de l’esprit qui s’oppose à eux, et dont on a bien l’impression, ces derniers temps, qu’elle ne suffit plus. Mais c’était déjà l’opinion d'un personnage de Flaubert, avec deux cents ans d’avance : « Plus d’académies ! Plus d’Institut ! Plus de missions ! Plus de baccalauréat ! A bas les grades universitaires ! Conservons-les, dit Sénécal, mais qu’ils soient conférés par le suffrage universel, par le Peuple, seul vrai juge ! Le plus utile, d’ailleurs, n’était pas cela. Il fallait d’abord passer le niveau sur la tête des riches ! Et il les représenta se gorgeant de crimes sous leurs plafonds dorés, tandis que les pauvres, se tordant de faim dans leurs galetas, cultivaient toutes les vertus. » G. Flaubert, L’Éducation sentimentale

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Jour de la marmotte (bis). Les personnels non enseignants méprisent sans doute les bureaucrates prétentiards et insolents, stupidement méprisants eux-mêmes, fiers de leur accès à la gestion par la voie du doigt de quelque suzerain que ce soit (gouvernement ou recteurs et doyens, selon les dénominations en vigueur dans la hiérarchie des établissements espagnols), fiers de leur gueule et trop souvent d’une nullité directement proportionnelle à la taille de leur ego. Ils respectent toujours, en revanche, ces administratifs et techniciens divers, ceux qui se montrent à la hauteur. On perçoit immédiatement celui qui connaît non seulement son affaire, mais aussi celui des autres… celui de ceux qu’il a été appelé à donner des ordres ou à organiser, qui sait ce qu’il faut demander, ce qu’on peut demander et, en outre, l’effort que cela représente. Ces gens-là sont presque immédiatement agréés par le personnel en « bleu de chauffe » qui met la main à la patte tous les jours. On ne le bluffe pas, lui. Il devine tout : inutile de faire son intéressant. La morgue n’est pas nécessaire pour se faire écouter et respecter. De continuelles irrésolutions qu’on dissimule derrière des éclats qu’on veut napoléoniens et le naufrage à terme est assuré. La véritable autorité a une sonorité, un tintement, qui ne trompe pas. Au contraire, l’autorité des faibles, un goût assez pervers de l’autorité pour l’autorité, a comme une fêlure cause de malaise, de fausset, de persiflage. De l’autorité inconsidérée, fantasque, exercée pour le plaisir de voir les gens se disputer, se remplir de perplexité, d’ahurissement. C’est l’autorité des nuls, promus à un poste de commandement par le hasard ou par le caprice d’un supérieur.

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Mai, 1959. Question du patron de mes parents qui m’était adressée en début d’après-midi sous une chaleur à faire fondre les briques : « Qu’est-ce que tu voudrais être, quand tu seras grand, mon enfant ? » Moi, prompt à la réponse : « Pistolero ou bien pirate … ! » J’aurais pu tout aussi bien répondre chasseur de grizzly ou dompteur de puces. Mon père, qui aurait préféré que je réponde « curé ! » parut quand même très heureux de mes choix et de ma réponse, précise, catégorique, sincère.

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À une époque, je croyais tous les cœurs purs. 



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On en vient à reprocher à certaines victimes de n'être pas mortes tout à fait …

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Le beau mec qui joue les premiers ministres dans notre « res publica selvatica » est tellement menteur qu’il ne faut même pas croire au contraire de ce qu’il affirme. Mais, ce n’est pas grave. Le système le veut ainsi. Et le « jeu » de l’alternance. Certains croient qu'en Espagne, dans l'exercice du pouvoir politique, il y a des sociaux-démocrates et des conservateurs ou des libéraux. Ils ont tort. La vraie politique se développe chez nous sans référence aux acteurs pertinents. Les acteurs publiques impliqués dans des politiques publiques n'ont qu'une importance relative. La démarche de contrôle des politiques fiscales n'est pas entre leurs mains. L'État espagnol possède une structure fiscale dont le seul objectif est celui de plumer au possible les classes moyennes et la partie productive de la société, de plus en plus réduite, avec un déploiement technique, humain et de propagande impressionnant. On trouve au Trésor les meilleurs spécialistes avec le meilleur équipement qu’on puisse imaginer. On pourrait affirmer sans crainte de se tromper que les différentes branches du reste de l'administration lui fournissent très efficacement des services auxiliaires. L'argent collecté, sans prendre activement en chasse les fraudeurs fiscaux importants, va essentiellement à deux groupes : les classes dirigeantes centrale et périphériques et les réseaux clientélistes d'électeurs qui les soutiennent. Partis politiques, syndicats, hauts fonctionnaires et certaines grandes entreprises, visent à optimiser le pompage de fonds alors que le système de production lui-même est négligé et sous-estimé. L'homme d'affaires prospère, la pensée innovatrice ne sont qu’autant d’entraves majeures au principe qui part du postulat selon lequel l'enrichissement honnête est impossible et moralement répréhensible. Et cet état de choses vient de loin. La mise en place du régime actuel s’est consolidée dans les années 80 avec la nébuleuse des différents partis de droite précédant le Parti Populaire (1989) et le Parti Socialiste Ouvrier Espagnol. Une fois la Constitution votée, l’UCD (Unión de Centro Democrático) fait la demande d’adhésion à l’OTAN, acceptée sous conditions par les sociaux-démocrates et soumise à référendum en mars 1986, après le positionnement pro-atlantiste de F. González. Les premières actions au pouvoir de la socialdémocratie fraîchement importée et financée de l’extérieur visaient à l’exercice hégémonique sur l'échiquier politique, spécialement dans le système éducatif, à pénétrer l'administration et à donner aux politiciens le contrôle des Caisses d'épargne, tout en désindustrialisant le pays en même temps. Le système, en apparence, ne bloque jamais. Les politiciens retirés de la politique ou remerciés, après de longs (pas toujours) et loyaux (à qui ?) services, trouvent souvent de confortables replis dans quelque grande entreprise. Forme d’échangisme typique de la classe politique qui considère tout à fait normal de rejoindre le privé après des années voire des semaines de « service » à l’administration. De 800 000 fonctionnaires, on est passé à près de trois millions et demi dont la santé et l'éducation représentent un million deux cent mille, avec un net accroissement du personnel universitaire. Cependant, une bonne partie des dépenses se perd à cause d’une éducation de mauvaise qualité et des dépenses de santé par habitant plutôt faibles. Lorsque l’un des partis de l’alternance espagnole prend le pouvoir (alternance ne veut pas dire alternative !) il ne démantèle pas tout l'appareil de corruption qu'il trouve déjà solidement installé, bien au contraire, il en profite se contentant de prendre simplement le relais. Ajoutons à cela un quatrième pouvoir : les médias, grassement subventionnés par le prélèvement de leur part des budgets publics, formidable appareil de propagande d'une classe politique dans laquelle le sens critique, l'impartialité et l'objectivité ont tout simplement disparu depuis longtemps. Comme l'argent fourni par l'économie du pays est largement insuffisant, une énorme dette publique a été générée qui met le pays à la merci de ses créanciers et absorbe l'épargne privée. L'Espagnol lambda, véritable mouton politique qui se prend pour malin, étroitement surveillé à la base, permet que son argent soit utilisé pour payer le gâchis d’un énorme appareil d’État déliquescent qui échappera toujours à son contrôle au sommet. On tient à nous faire croire que la corruption consiste uniquement à mettre la main à la caisse et ce n'est pas comme ça que ça se passe : les ONG inutiles et les fondations bidon, les sociétés et entités sans objet, les postes et les prébendes partagées au jour le jour ainsi que les réseaux de clientélisme représentent beaucoup plus d'argent et ont un objectif tout aussi odieux, voire plus, que le vol ou l’escroquerie pure et simple. Le maillon le plus obscène pour dimensionner la chaîne de la corruption du système demeure la gestion des médias publics et la corruption permanente des médias privés ainsi que la dégénérescence galopante et l'utilisation à des pures fins de propagande du système éducatif.

L'ensemble des autonomies n'a pas été orienté vers une meilleure gestion. Les priorités semblent préférer la manipulation des médias et des esprits via le système éducatif. Dans les autonomies identitaires, c'est beaucoup plus évident : le lavage de cerveau et la ségrégation commencent pratiquement dès la maternelle dans l’indifférence presque générale. Les coûts de tout cela sont énormes : un système de production qui se rétrécit et une productivité qui stagne depuis 15 ans. L'Espagne s'éloigne progressivement des niveaux de revenu des cinq plus grands de l’Union européenne. La corruption et la mauvaise gestion peuvent être vues à l'œil nu pour peu qu’on sache regarder. Le coût du logement, la facture du gaz et de l'électricité à la hausse battant record sur record, le manque de perspectives surtout chez les jeunes, les lois au stade métastatique, la lourdeur de la bureaucratie, l’innovation défaillante des entreprises ou les bas salaires sont le résultat des politiques mal canalisées depuis des années. La détérioration de ce que certains appellent « le contrat social » est déjà criante, et l’égalité devant la loi n’existe plus, tout comme la protection du droit à la propriété privée ou à la présomption d'innocence. Défendre l'égalité devant la loi devient un acte de subversion. L’État n’opère plus cherchant des équilibres entre principes hobbesiens et principes kantiens, il s’en fout royalement, ne s'occupant plus que de lui-même et de se demander comment amuser les benêts et les gogos sur des écrans de fumée pour mieux les cacher le pillage toujours croissant dont ils sont l'objet. L'inégalité des sexes, le féminisme, les discussions autour du genre, les accusations de fascisme à tort et à travers : de la poudre aux yeux qui tente de générer des réponses émotionnelles et, partant, irrationnelles, escamotant des tragédies bien réelles qui nous coûteront très cher. Les analyses rationnelles ou à base scientifique ont été complètement bannies des médias. Si on devait trouver un modèle ou quelque chose de semblable pour mieux comprendre l'Espagne actuelle, on devrait regarder en direction de l'Argentine. Sans l'euro, notre taux d'inflation serait galopant. Tant qu’on ne se sera pas débarrassés sans trop tarder d’une caste politique parasitaire et incompétente, qui nous conduira irrémédiablement au désastre, on ne pourra pas aller au-devant d’un avenir qui sera tout sauf précisément radieux.





samedi 29 janvier 2022

Fuite de la routine domestique basque et envie de routine aquitaine

 


Retour à Bordeaux. Nos enfants nous accueillent dimanche chez eux, Rive droite, et leur chaleureuse cordialité, leurs sourires et la gaité de notre petite A. viendront ranimer ma confiance dans le sentiment d'être au cœur de notre clan familier porteur d'espoir, de chaude ambiance intime et de joie de vivre. Si j'ai connu quelque vague à l'âme sur des moments ponctuels, dévasté par l'érosion de la vie quotidienne des uns et des autres, la répétition de bons moments dont rien, depuis toujours, ne trouble le flux coloré, enchanté et joyeux, agissent sur moi comme un vrai tonique.

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Mémoire de mon père. Je me souviens des derniers moments de mon père. De ses derniers jours. De ce qu’il traversait en silence, de son besoin de discrétion dans sa douleur solitaire, impossible à partager avec ceux qui l'entouraient. Je redécouvre à chaque fois sa personnalité remarquable, avec le regret de ne pas l'avoir revu à temps pour lui en porter un témoignage de reconnaissance qui eût pu lui faire du bien. Lorsque nous étions enfants et que j’ai commencé à le connaître, c'était à mes yeux l'Homme dans toute sa plénitude, le Père que j'avais pour me défendre contre tout. Par sa stature, par sa voix puissante et ferme, par toute sa guerre de 36 qui l'auréolait de virilité. Petit enfant, combien j'ai pu être sensible à ces choses ! Les années ont passé et, par bribes, par nos conversations la nuit, par les souvenirs qu'il nous contait, par ce que j'ai entendu sur lui de divers côtés, je crois que j'ai fini par le connaitre totalement, mais je ne le savais pas. Il a fallu qu'il nous quitte pour que, pensant à lui, je fasse en quelque sorte la synthèse de tout ce qu'il m'inspirait. C'est pourquoi je peux écrire aujourd'hui sincèrement de sa personnalité remarquable, que je ne réalisais même pas quelques jours après sa disparition, sa mort. Mon père était la droiture même ; d'une honnêteté courageuse, totale, intransigeante, et cependant, sans fanatisme aucun. Sa droiture était elle-même une conséquence de son goût de l'ordre et d'une rigueur qui l'ont conduit à cette perfection dans le travail auquel il apportait une minutie extrême. Bien entendu, lorsqu'on aime l'ordre, on aime la justice, qui met chacun et chaque chose à sa place. Entier, il allait jusqu'au bout, avec ce mélange de bonté et de rudesse que lui donnaient ses certitudes. Lorsqu'il s'asseyait dans son coin le soir avec un bon roman du Far West (Marcial Lafuente Estefanía, il adorait !), il était parfaitement détendu, l'âme sans une ride, l'esprit sans une compromission. Il pouvait laisser son petit roman et croiser son regard dans la glace sans baisser les yeux. Il pouvait se regarder lui-même de ce regard direct, énergique, sans nuance, qu'il posait sur les autres, même si cela les gênait. Il avait une conscience absolument pure. Il dormait sur ses deux oreilles, il marchait plus droit qu'il n'est permis, et il le pouvait. Il avait compris bien des choses. Il n'avait pas d'ambition personnelle car l'ambition n'eût rien apporté de plus à la simple aisance dont il jouissait avec les siens. Mon père était loin de ce risque, car il était sauvé par son cœur. Il puisait dans sa sérénité une immense indulgence et ses colères étaient limitées, verbales, et concernaient surtout le désordre. Frappé par un cancer terrible tardivement détecté, sans que le temps me permette de lui apporter quelque satisfaction que ma situation de fils prodigue sans retour ne lui avait accordé que rarement, il avait regagné un équilibre qui paraissait pouvoir durer encore longtemps. Je l'accompagne très souvent par la pensée et il me restitue généreusement de vivants souvenirs de mon enfance.


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Vieilles notes d’une visite à la Cité Administrative (2016). La fonctionnaire était furieuse sans me laisser m’expliquer. Deux numéros d'identification fiscale de référence attribués à une même et unique personne ! Elle a retroussé ses manches, d'une horrible blouse bleu. Situation irrégulière ! Comment voulez-vous qu'on s'y retrouve si tout le monde en fait autant !? Vérifiez vos coordonnées personnelles ou refaites-les comme il faut à chaque changement de situation (!?). Vous avez une semaine pour vous mettre à jour ! Pour en finir, j'ai fait tout établir, puisque j'étais enregistré deux fois, sous un nom presque identique, dans les données du ministère à cause d'une erreur de saisie de la part de Dieu sait qui. Muni de preuves attestant l'erreur, il m'a fallu poireauter à nouveau à la Cité Administrative, parmi des centaines de gens pareillement emmerdés par d'autres foutaises. Au final, tout s'est bien passé grâce à l'efficacité d'un jeune compétent capable de corriger la base de données. Heureusement, la première fois, j'avais pris la précaution d'emporter ma tablette et la queue n'a pas été trop crevante. Je sais bien qu'il y a encore pire ailleurs, mais il me semble parfois que l’administration française si jalousée à en croire ses représentants, est la plus chiante du monde, toujours impuissante à simplifier et à réduire et ne sachant que multiplier à l'infini bureaux, démarches, paperasses et formalités malgré l'omniprésence du numérique. Le pire de tout est l'arrogance que se permettent tant de minables à peine revêtus de la plus petite apparence d'autorité. Le besoin qu'avait cette pauvre abrutie, ce matin-là, de me voir me morfondre dans l'attente de son bon plaisir. Sa rage de manquer ses effets tandis que je me prélassais, lecteur désinvolte des trucs dans ma tablette, à mille lieues de marquer l'impatience ou l'intimidation escomptée. Avoir gâché la journée d’une sorcière m'a drôlement consolé d'avoir perdu la mienne. J'ai tout de même l'esprit de l'escalier. Que font en effet tant de bureaucrates des migrants, des forains, des itinérants perpétuels, qui se déplacent sans cesse et risquent de connaître tout le temps des « changements de situation » ? Il doit bien y avoir une formule ! J'aurais dû déclarer une situation fiscale originale : nomade professionnel, rien que pour voir l'effet sur cette gueule. C'était peut-être la porte ouverte à des emmerdements sans fin, mieux valait couper court par la tangente de la démarche répétée docilement. Mon instinct ne m'avait pas trompé. Le professionnalisme du jeune bienveillant, perle rare, rachète habituellement le désordre causé par la vioque aigrie ?


mercredi 26 janvier 2022

Nihil novum sub sole


Marx estimait déjà, il y a bien longtemps, que la malhonnêteté était devenue la loi du débat intellectuel de son temps: « Quand la bourgeoisie s’empare du pouvoir politique alors sonne le glas de l’économie scientifique. Désormais il ne s’agit plus de savoir si tel ou tel théorème est vrai mais s’il est bien ou mal sonnant, agréable ou non à la police, utile ou nuisible au capital. La recherche désintéressée fait place au pugilat payé, l’investigation consciencieuse à la mauvaise conscience, aux subterfuges de l’apologétique. » (Postface de la deuxième édition allemande du Capital).

mardi 25 janvier 2022

Un avenir à grimper aux rideaux …

« Ce qui m’intéresse n’est pas toujours ce qui m’importe. » Paul Valéry

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Relisant dans une vieille Pléiade certains passages du Journal de Gide, merveille de générosité, d’humour et d’érudition, avec ses goûts et ses caprices, je me rends compte de la persistance du dur dogmatisme intarissable dans le marécage politique (« les bourbiéreux bousbirs de la pensée » comme l’écrivait Claude Simon). Je comprends certaines courbettes, gesticulations et mensonges, extraordinairement utiles, voire nécessaires à qui exerce une forme quelconque de pouvoir même si je préfère me livrer à cracher des glaviots dans la Bidassoa depuis le pont international. Les ronds dans l’eau que cela provoque auront sans doute le même impact sur la vie réelle des gens qui ont décidé de donner leur vote à l’un ou à l’autre des prétendus réformateurs de la chose publique. Mais les prétendues audaces d’une prétendue gauche au gouvernement me donnent le tournis. Dernière pirouette, dernière incongruité, dernière gaffe : l’envoi de militaires (marine, aviation, que sais-je encore !) dans la mer Noire. Qu’est-ce qu’on est censé aller foutre en Russie ? Les gangsters nord-américains l’exigent, donc, la question ne se pose même pas : ils sont nos alliés, tout de même !  Qui nous ont envoyé gentiment chier lors du conflit avec le gentil roi marocain., il y a quelques mois. Miracles de l’échiquier politique : le « non à la guerre » de l’époque des Bush passe à « vivement la guerre » …



« Triste besoin d’injurier, de ravilir son adversaire ; besoin commun également aux deux partis et qui fait que j’écoute parfois si péniblement les émissions de la radio, tant celles de Londres et de l’Amérique que de Berlin ou de Paris-Vichy. Eh quoi ! pensez-vous vraiment que toute l’intelligence, la noblesse de cœur et la bonne foi soient seulement de votre côté ? N’y a-t-il en face de vous que vils intérêts et sottise ? Ou peut-être me direz-vous qu’il est bon d’en persuader le peuple qui, sinon, prêterait moins cœur au combat ? Il importe de convaincre le soldat que ceux qu’on l’invite à massacrer sont des bandits qui ne méritent pas de vivre ; d’autres braves et honnêtes gars comme lui ; devant que de les tuer, le fusil lui tomberait des mains. Il s’agit d’activer la haine, et l’on souffle sur les passions pour les amener à incandescence. Pour combattre des brutes, il faut des brutes ; et l’on abrutit. La reconnaissance des qualités et des vertus de l’ennemi a, de tout temps, été mon faible, et qui risque de me faire passer pour traître par les partisans de l’un et de l’autre bord. C’est bien aussi pourquoi je me tairais aujourd’hui, même s’il m’était donné licence de parler. Aujourd’hui, il n’y en a que pour le mensonge, et l’on ne prête oreille qu’à lui. » A. Gide, Journal (10 février, 1943).

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« La dépréciation du camp adverse ne me plaît guère (…) il est absurde et malséant de ne voir l'intelligence, la probité, le courage et la noblesse, que d'un côté, le sien propre, et de l'autre, que lâcheté, sottise ou félonie. Aussi cette entreprise d'avilissement de l'adversaire, à quoi s'emploie trop souvent la propagande, m'est-elle extrêmement pénible. Je l'ai maintes fois exprimé ; mais sans, je crois, persuader personne. Et l'en viens à présent à me demander si, pour obtenir certaines réactions de la foule, il n'est pas nécessaire d'abord de discréditer l'ennemi. Peut-être ; mais, personnelle ment, je ne puis entrer dans ce jeu. C’est bien aussi pourquoi je suis si mal fait pour la politique et me difficilement et si mal convaincre du rôle que je pourrais si assumer dans la « guerre psychologique. »  A. Gide, Journal (7 juillet, 1943)

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Quand les médias n’utilisent pas le cliché de l’anathème, il faut supposer que les protagonistes de l’information appartiennent au camp du Bien, de la puante social-démocratie à la basse extrême gauche dans ses variantes caviar ou cassoulet.

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Quel pays d’abrutis, incapable de rabattre son caquet au truand de manuel qui est censé nous « gouverner » ! Et comment réagir, comment sortir sa tête de cette poubelle à ciel ouvert qu’est devenue l’activité politique au quotidien ? Distribution capricieuse de la manne des fonds européens,  respect zéro de l’intégrité physique (agressions à tout va) et de celui de propriété (protection des squatter sur les propriétaires légitimes), justice languissante conditionnée par la politique, autorité qui prend le parti de la salade de sigles qui soutiennent ce minable gouvernement de cauchemar, des passants se font agresser par des bandes incontrôlées pour lesquelles un simple regard de censure est pris comme un défi et la haine se répand et s’infiltre comme du gaz dans chaque recoin de la vie ; des cortèges d’accueil, des manifestations, des feux d’artifice et des réjouissements musicaux en l’honneur de pires assassins de l’immonde ETA libérés pour que le pitre à la tête du gouvernement conserve son fauteuil et exerce ses talents de magouilleur, de flatteur infatigable des foules d’électeurs endoctrinées, ne pensant qu'à sa propre tête menacée s’il devait dissoudre et appeler aux urnes. Ignoble mégalomane et menteur compulsif aigri par la moindre contradiction ou l’ombre d’une critique, retors, après ses années de lutte sinistre contre la bureaucratie de son parti qui se terminèrent par sa démission forcée du comité fédéral, qu’il ressentit comme une humiliation ; au parlement, une flopée d’ignorants intrépides, amoureux de leurs magnifiques prébendes largement injustifiables ; pays pillé et ruiné de la tête aux pieds, jamais autant de fortunes ne s’étaient improvisées si vite et si obscurément. Et la crise coule sous le regard réjoui de la coalition ministérielle, des élus, des journaleux qui trafiquent les idées, d’une foule immense de gens empoisonnés de rancune qui attendent que ce menteur professionnel à la tête du conseil des ministres sorte de la poudre magique, fasse des prodiges avec la manne des fonds européens, d’un je-ne-sais-quoi, d’un miracle impossible. Comment expliquer cet état de félicité absurde en dépit de tous les malheurs, si ce n’est que, sachez-le braves gens, au moins ce n’est pas la droite qui est aux commandes …

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Anniversaire de l’assassinat de Gregorio Ordóñez. Victimes. Ils n’ont que leurs larmes à la place d’une haine qui serait tout à fait normale, car produit de la profonde injustice, de l’impuissance et de cette terrible acrimonie à la source de tout sentiment de vengeance que la compassion envers nous-mêmes fait bouillir en son for intérieur lorsqu’on se retrouve abandonné parmi ses voisins, comme une pauvre chose dont personne ne se soucie, à laquelle personne ne doit jamais prêter l’oreille. Après chaque assassinat, la victime sombre dans l'oubli, comme tant d'autres, car à la surface de la sensibilité collective il n'y a pas de place pour tous les chagrins et les plus récents, passées vingt-quatre heures, font naufrage pour céder la place à ceux que la noria médiatique déverse sur nos vies. C'est en essayant de se référer à une souffrance concrète de quelqu’un qu’on connaissait que l'on s'aperçoit plus clairement à quel point l'usage quotidien érode la valeur des mots, de quelle manière la pointe acérée avec laquelle ils devraient blesser notre sensibilité est abaissée, émoussée et réduite à néant. On entend : « Ils ont tué Untel ». Quatre mots. Derrière, quelle longue et douloureuse histoire !

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Kazakhstan. Rien dans la vie sociale ordinaire n’est si effrayant, si terrible, que la foule sans frein ; rien n’est si cruel, rien n’est si laid, rien n’est si implacable et si froid, rien de plus monstrueux et incontrôlable. Soudain, tout est recouvert des bouffées de haine de tant d’esprits en troupeau ; tout sent le mal, tout bourdonne le mal ; la foule non endiguée charge contre l’opinion contraire et devient hostile même à la couleur du ciel. De la foule en colère émane je ne sais quoi qui imprègne le monde de désespoir et qui trempe dans la bassesse.

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Seule attitude décente, mais il faut avoir les moyens : s’en foutre. Au siècle dernier, sous Napoléon III, l’éditeur Poulet-Malassis évaluait à moins de trois cents le nombre de lecteurs intéressés par l’édition des œuvres de Flaubert ou de Baudelaire. En l’espace d’un siècle et demi, 124 magnanimes écrivains basques, dont l’existence de la plupart est assurément ignorée du commun des mortels, signent un manifeste pour soutenir le patron de l’ETA, pauvre victime de l’acharnement de la justice. Le terrorisme vaincu ? Comme la pandémie … N’en déplaise à cette sous-merde chauve et stridente du parti socialiste, ancien maire de Saint-Sébastien, le sommet rêvé du confort parlementaire des compères de l’ETA s´élève, sans qu’ils s’en soucient réellement, sur des monceaux de cadavres. Long chemin parcouru pour bâtir l’indépendance et le socialisme (notions plus galvaudées que le paradis et l'enfer) et qui se termine en faux sur un précipice au fond duquel se tordent les anciennes victimes disparues sous le regard de leurs bourreaux, bien présents en haut, toujours vivants, eux, témoins mordants de la sinistre cruauté humaine, des mensonges maniés comme des catapultes, de la lâcheté politicienne tendue comme autant des ponts réconciliateurs… Penser, c’est perdre le fil, disait Valéry. Le fil de la mémoire historique et la pelote de laine de la mémoire démocratique. Le fil de notre intrigue conduit tout simplement au mal qui éclate à l’intérieur de la bouillie cérébrale de certains pseudo-humains à la faveur de la logorrhée révolutionnaire, d’une conception non pas puérile, mais idiote des affaires publiques, qui les conduit à tuer, à rançonner ou plastiquer les réputés contraires à la cause, autorités, cadres des entreprises, petites ou grandes, pour les remplacer par des automates formatés à leur goût, des camarades qui travaillent au grand rêve. Ils caricaturent la bêtise du freux de la fable qui voulait imiter les aigles en serrant dans ses griffes un agneau et s’est fait piéger, incapable de voler, par l’épais pelage de sa toison. Tout s’avère être un gigantesque mensonge, car si les conditions matérielles étaient fausses au départ : patrie opprimée, race à part différente de tout autre, langue persécutée etc., leurs positions idéologiques l’étaient aussi. Ils ont censuré la tyrannie pour imposer les plus intransigeants et les plus intraitables tyrans agissant dans l’ombre. Ils crient au scandale par les conditions de détention établies par un code, et ils ne respectent aucune règle, ils n’ont eu aucune pitié pour les femmes, ni pour les personnes âgées, ni pour les enfants qui se comptent par centaines parmi leurs victimes ; ils demandent justice et sèment l’arbitraire ; ils ont réclamé le bonheur pour tous, l’égalité, ils se disaient militaires et en bavaient de joie dans leurs communiqués évitant prudemment les risques de la guerre, étiquetée de sale guerre quand elle était menée contre eux et ils se sont nommés aux surnoms pompeux ou carrément ridicules, avec pour objectif principal de se la péter devant les camarades et l’opinion, précisément sous couvert de soldat, de guerrier, de prestige militaire, au sens le moins héroïque qu’il soit donné à quelqu’un d’imaginer. Ils ont toujours eu une dévotion intime et irrépressible envers ce qu’ils injuriaient la veille. Et l’emballage verbal et la hiérarchie de n’importe quel minable patronat. Non, ce n’est pas qu’ils haïssent l’État espagnol ou le français pour leurs turpitudes, mais parce qu’ils veulent les remplacer par leur truc stalino-raciste à la con. Après tout, un séparatiste n’est qu’un unioniste impatient. Cela n’a pas de prix. Sauf celui du sang, source intarissable de douleur. Il n’y a pas de douleur de mille, mais la douleur d’un seul, mille fois répétée.

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Comme je l'ai déjà écrit à plus d'une reprise, je lis assidument le blog d’un vieux routier de la littérature, écrivain pour de vrai, que j’admire depuis longtemps et qui me met souvent en colère. La vision d’un drapeau bicolore espagnol lui donne de l’urticaire. Ça le révulse au plus haut point. Et la musique patriotique itou. Admettons. Je partage, nuancée, une partie de ses vues. Il n'empêche que la prolifération du drapeau tricolore à double croix à tort et à travers m’insupporte me donnant presque envie de me gratter et que j’aurais toujours du mal à réaliser qu’un balcon affichant un drapeau espagnol résulte insupportable à qui trouve tous les charmes imaginables aux différentes variantes de drapeau catalan. Pour ce qui est de la musique, le hasard fait bien les choses. De la musique micro-patriotique, j’en entends, et à tue-tête avec ça, qui vient d’une fenêtre ouverte. Sur la barre du balcon, une banderole réclame le retour à la maison des incarcérés et le retour au pays des exilés, à côté d’un drapeau catalan trafiqué : une étoile blanche dans un triangle bleu à gauche. C’est un hymne mélancolique adopté par la horde de sauveteurs professionnels à vocation de soldatesque, qui peut sonner après leurs concentrations patriotiques ou accompagner la danse des furies sur les corps des morts au champ d’horreur. Comme tout ce qui appelle au versement du sang, il se complaît dans l’appel au sacrifice (d’autrui, de préférence, dans la vie réelle) avec la lourdeur dont les ivrognes s’accrochent à leurs refrains. Des notes qui ne sont pas capables de transmettre l’émotion d’une patrie commune à partager pour tout un peuple ou de le mener à la victoire mais la fatigue d’un réservoir de sang qui ne finit jamais de se vider derrière un drapeau de design.

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L’industrie la plus florissante désormais en Catalogne : le trafic de haine. Ils ont déjà tout volé, ils ont déjà tout sali, ils ont coupé tous les ponts. Ils n'ont rien d'autre à échanger et ils font le trafic de haine envers la patrie commune qu’ils ont contribué largement à construire. La haine. Avec le même esprit d'entreprise qui a fait trop longtemps la fierté de cette région. Pardon, de cet empire de richissimes abominablement tyrannisé par les pauvres.

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Anéantir. Ce dernier roman de M. Houellebecq se déroule en 2027 et Bruno Juge est pressenti pour succéder au président sortant. Bruno Juge a réussi à redresser l’économie française en s’asseyant « sur les réglementations de libre concurrence européennes, que ce soit pour l’attribution des marchés publics ou pour l’instauration de droits de douane quand ça l’arrangeait, sur les produits pour lesquels ça l’arrangeait, il s’était en cela comme en tout, et depuis le début, comporté en pragmatique pur, laissant au président le soin de déminer, de réaffirmer chaque fois que possible son attachement à l’Europe, et de tendre ses lèvres à toutes les joues de chancelières allemandes que le destin lui donnerait à baiser. » Houellebecq ajoute : « C’était sexuel, quand même, entre la France et l’Allemagne, c’était bizarrement sexuel, et depuis pas mal de temps » ; certains esprits mal placés repenseront à Brasillach, en 1944 : « Les Français de quelque réflexion, durant ces années, auront plus ou moins couché avec l’Allemagne, non sans querelle, et le souvenir leur en restera doux ».

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Les braves gens, ça n'existe pas ; les pauvres crétins, oui, ça surabonde. On devrait interdire de donner leur sentiment sur les affaires publiques, à quelque titre que ce soit, à tous les ahuris n'éprouvant pas d'emblée une saine méfiance et un parfait mépris envers tous les discours des menteurs et crapules au pouvoir, quels qu’ils soient, dans la mesure où le berger politique ne veut jamais le bien du bétail électoral qu'il exploite. La consultation occasionnelle des médias ne devrait avoir qu'une justification : non pas s'informer, non pas reprendre les avis du clergé demi-intellectuel, mais relever les mensonges grotesques de chaque jour avant d'en ricaner. Si la lecture des nouvelles est la prière de l'imbécile contemporain, l'athéisme s'impose.

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OTAN piège à continents ! L’Espagne ou plutôt ce qu'on appelle son identité culturelle, géographiquement, son territoire subsistera quoi qu’il arrive, est souvent considérée comme en péril de fractionnement par certains alarmistes. Combien de forces idéologiques l’assaillent ? J’en discernerait deux principales : celle des forces suprématistes périphériques et celle de l’américanisation. La première, redoutée pour des causes politiques, tendrait à terme sinon à une totale séparation du moins à une forme d’« indépendance économique » à son avantage. La seconde, plus insidieuse, moins immédiatement visible, provient de la colonisation des esprits et n’en est que plus redoutable. L’acceptation progressive de l’ultra-libéralisme, du politiquement correct et de son avatar wokiste, de l’abolition illusoire des frontières et de tout souverainisme, du véganisme militant basé sur le refus de toute forme d’utilisation des animaux, du multiculturalisme, du communautarisme, du féminisme rabique, de l’antispécisme, de la négation des deux sexes et leur remplacement par une multiplicité des genres et autres fantaisies socialement mortifères venues d’Outre-Atlantique conduit à une déconstruction progressive de toute identité culturelle traditionnellement nationale. Et, paradoxalement, c'est la seconde qui favorise la première. Malgré les contradictions bien signalées : désir d'abolition universelle (?) des frontières, mais ouverture d’autres frontières capricieuses plus faciles à contrôler ; Maître Aliboron-Iglesias invitait ses ouailles, dans ses heures de gloire télévisuelle, à chevaucher les contradictions du système. Parfait. Mais comment chevaucher tout type de chevaux à toutes les allures : le multiculturalisme, le communautarisme, le relativisme à outrance, le wokisme omniprésent, l’identité nationale existante, le souverainisme suprématiste des nations sans état, les vieux états-nation, l’indépendance et le socialisme, illusoires, l’ultra-libéralisme, bien tangible … ? Il paraît évident également que les civilisations s'écroulent à cause de leur affaiblissement interne. Les nouveaux maîtres ne font que venir s'installer dans leurs ruines. C'est pourquoi je pense qu'il faudrait s'attaquer prioritairement à la maladie culturelle de nos sociétés et non seulement à ses symptômes politiques si préoccupants qu'ils soient. Avec ça, pourrait-on compter sur une force d’opposition européenne ? A mes yeux, cette force est accessoire. L'Allemagne, comme la France, et peut-être même davantage après ses amères défaites du vingtième siècle, est rongée par la lèpre idéologique venue des USA qui a contaminé l'ensemble de l’Occident. Les choses importantes se passent en Chine et en Inde. Et la Russie n’a pas l’air de se laisser faire facilement.

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Mémoire démocratique. L’hiver et la guerre passaient ensemble à travers la fenêtre. Dépouillés de tout, dans le froid de la nuit et dans le froid de leur vie, plutôt que de réciter le chapelet, il semblait que ces hommes montraient à Dieu leur misère, dans la douce lumière de la foi, et qu’ils s’humiliaient devant ses desseins. À travers les rideaux de la porte, filtrait juste la clarté nécessaire pour laisser paraître les faisceaux des prières et découper la ligne sobre de la croix sur le mur blanc ; et de ce fait, leur âme pouvait inonder leurs visages si ouvertement que, lorsqu’ils relevaient la tête, il y avait en chacun d’eux une sorte de gêne honteuse qui les incitait à ne pas se regarder, comme si la nudité souffrante de leurs pensées pouvait être devinée sur leurs visages. Comme s’ils y gardaient encore, dans leur pâleur et dans leurs rides, quelque chose de la ferveur de leurs prières. (Traduction personnelle)

Wenceslao Fernández Flórez, Una isla en el mar rojo

 

 

 

 

 

 

 

jeudi 6 janvier 2022

Epiphaneia

 


Le terme grec epiphaneia (φαίνω « se rendre visible, briller » et ἐπι [« sur / au-dessus »] + φάνειαnom d’action indiquant manifestation d’une réalité cachée, apparition visible), l’épiphanie, désigne la compréhension soudaine de l’essence ou de la signification de quelque chose. Le terme est utilisé dans un sens philosophique pour signifier qu’une personne ou un groupe de personnes, par une nouvelle information ou expérience éventuellement insignifiante en elle-même, est illuminée de façon fondamentale sur l’ensemble de sa conception du monde et de la vie. Cette épiphanie d’un peuple majoritairement plongé dans les ténèbres d’un pouvoir pernicieux et pervers est tout ce que j’appelle de mes vœux pour ce 6 janvier 2022, où continuent les pires et plus délirantes restrictions de liberté et de pensée qu’on ait jamais connues profitant du Covid. La nouvelle année 2022 commence avec un record de contaminations, en très large proportion non pathogènes, et un taux de vaccination parmi les plus élevés.